"Mi dolor de exilio es tan grande que cubre todo mi cuerpo.

Muevo un dedo del pie y sufro".

Lejos de casa


¡Bravo, Carlos Giménez! Rolando Peña, El Príncipe Negro, artista multimedia, premiado por la Fundación Guggenheim: “Considero a Carlos Giménez un pionero, un gran realizador, un gran señor”/ entrevista de Viviana Marcela Iriart, Miami, 24 de Mayo de 2020





Rolando Peña en "Pinta Miami ", 2019. Foto: Jorge Castillo



“Rajatabla, Venezuela, el Ateneo de Caracas,  
proyectos para abrir puertas, saltar ventanas, 
colgarse el horizonte en la solapa y dar la vuelta cuando uno quiere,
 para que salga el día o  se ponga la noche. 
Así, entre tantos asombros y casualidades, me tocó inventar 
este Festival que para unos y otros parece  un Caballo de Troya. 
Bajan de su vientre vencedores y vencidos…”. 
Carlos Giménez, 1992
Fragmento del discurso de apertura del IX FITC.






¡Bravo, Carlos Giménez! Porque Carlos (Argentina 1946-Venezuela 1993) en apenas 30 años de carrera dirigió más de 80 obras de teatro en Argentina, Venezuela, México, Perú, Nicaragua, España y Estados Unidos, donde fue invitado por el mítico productor Joseph Papp, y creó  -entre otras - nueve instituciones culturales de gran importancia en Venezuela y Argentina.



¡Bravo, Carlos Giménez! Porqué creó  el Festival Internacional de Teatro de Caracas, junto a la entrañable y talentosa María Teresa Castillo;  el Instituto Universitario de Teatro  (IUDET), el Grupo Rajatabla, el Taller Nacional de Teatro (TNT), el Teatro Nacional Juvenil de Venezuela (TNJV), el Centro de Directores para el Nuevo Teatro (CDNT), ASITEJ (Asociación Internacional de Teatro para la Juventud, Capítulo Venezuela)  y, en Córdoba,  el Festival Latinoamericano de Teatro y el grupo El Juglar cuando todavía era adolescente.



¡Bravo, Carlos Giménez! Porque cuando Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura,  vio el El Coronel no tiene quien le escriba adaptada y dirigida por ti, dijo de sus personajes: “No los reconozco, los conozco. No los había conocido, los conocí ahora. Yo me imaginaba cómo eran, pero nunca los había visto. Ahora los vi.”



¡Bravo, Carlos Giménez! Por haber llevado a Venezuela lo mejor del teatro del mundo, permitiendo que tomáramos talleres con los grandes Maestros y Maestras y ver sus espectáculos a precios populares: Tadeusz Kantor, Berliner EnsemblePeter Brook, Giorgio StrehlerPeter SteinLindsay KempPina BauschNorma AleandroVanessa RedgraveKazuo OhnoTomaz PandurEva BergmanEugenio BarbaYves LebretonPeter Schumann,   Antunes FilhoGilles MaheuSantiago GarcíaDarío FoEls JoglarsFranca RameEllen StewartJoseph Papp,  Andrezj WajdaDacia Mariani



¡Bravo, Carlos Giménez! Por hitos como Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias,  Bolívar La Muerte de García Lorca de José Antonio Rial, Martí, La Palabra de Ethel Dahbar, La Honesta Persona de Sechuan de Brecht, Tu país está feliz de Antonio Miranda, El Campo de Griselda Gambaro, La señorita Julia de Strindberg, Peer Gynt de Ibsen, El Coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez…  Porque sus obras fueron ovacionadas en Europa, Estados Unidos y América Latina.  Porque su talento como director y gerente cultural fue único, extraordinario, irrepetible en la escena latinoamericana.



¡Bravo, Carlos Giménez! Porque a los 19 años gana sus primeros premios internacionales en los festivales de teatro de Cracovia y Varsovia (Polonia), otorgados por el Instituto Internacional de Teatro-Unesco (ITI)  y participa en el Primer Festival de Teatro de Nancy (Francia).



¡Bravo, Carlos Giménez! Porque a los 22 años recorre América Latina por tierra haciendo teatro para las hijas y los hijos de los mineros, los pescadores, las campesinas, los olvidados y olvidadas de la tierra y nunca dejó de hacerlo.



¡Bravo, Carlos Giménez! Porque fue generoso, amable, humilde y agradecido, aunque a veces la leyenda diga lo contrario. Un ser humano con todas las virtudes, defectos y contradicciones de los seres humanos.



¡Bravo, Carlos Giménez! 


Porque fue un genio.

 Y me haces mucha falta.




Iz.  Joseph Papp, José Antonio Rial y Carlos Giménez , preparando
el estreno de  The Death of García Lorca en Nueva York, producida por
 Papp, escrita por Rial y dirigida por Giménez, N.Y., 1988. 
Fuente: Margarita Irún

“Para mí también fue un pionero, una persona que se la jugaba,  
una persona que podía caminar por la cuerda floja sin  malla protectora,
 algo en lo que me identifico mucho con él porque yo 
también he sido así toda mi vida…”


Andy Warhol,  Rolando Peña, Nueva York 1967
Foto: Marcelo Montealegre. 
Fuente: ViceVers
a



Rolando, ¿en qué año y donde conociste a Carlos?

Mira, yo vivía en Nueva York, yo me formé en Nueva York,  viví allí desde los años sesenta hasta los ochenta y pico, pero por supuesto  iba a Venezuela, mi país,  de vez  en cuando y en uno de esos viajes lo conocí a Carlos, en el Ateneo de Caracas. No recuerdo el año exacto, pero fue al comienzo de su carrera, él había hecho una obra que había tenido  mucho suceso y ya se estaba encargando de la parte teatral del Ateneo.
Carlos me pareció una persona bien interesante, muy centrada. Simpático pero en el buen sentido de la palabra,  no era el simpático caribeño sino el  simpático culto,  era  una persona que guardaba distancia, cosa que me alegró mucho porque yo venía de Nueva York donde la simpatía es muy cercana a: “muy bien todo pero un momentico, atención, yo estoy aquí y tú estás ahí, cuidado”,  a menos que se cree un vínculo más cercano.

¿Habías visto algún montaje suyo?

Sí, pero  no me preguntes el nombre de la obra porque honestamente no me recuerdo,  pero sí me llamó mucho la atención.  Luego fui como espectador al primer Festival Internacional de Teatro que organizó qué, tengo que confesar, me pareció realmente extraordinario, extraordinario, extraordinario y dije ¡guao! este señor sabe exactamente lo que está haciendo.
Yo estaba recién llegado de Nueva York donde había visto tanto teatro, en Broadway, off off Broadway, los  había visto a todos, muchísimos espectáculos muy buenos de artistas reconocidos y a pesar de eso me impresionó muchísimo el Primer Festival. Fue cien por ciento positivo.

¿Recuerdas cómo fue la reacción del público?

Sí, el público fue muy positivo, estaba muy impresionado, vi mucha pasión, mucho interés en lo que estaba sucediendo. Fue muy impresionante para mí, para el público de Caracas y, de hecho, el Festival continuó y siguió sorprendiendo hasta el final de sus días.

Ese Festival fue en el año 1973: Carlos tenía 27 años apenas y unos meses antes había sido detenido, torturado y deportado de México porque al gobierno no le había gustado un montaje suyo. ¿Carlos te comentó algo de esa deportación? ¿Recuerdas haber leído algo de eso en los periódicos?

No, me estoy enterando hoy por ti de eso que le sucedió, realmente muy terrible y lamentable.

De todos los personajes con los que tú te rodeabas en Nueva York, Andy Warhol, Allen Ginsberg, etc, ¿cuál le interesaba más a Carlos y por qué? ¿Alguna vez te pidió que le presentaras a alguno de esos artistas?

No, en general hablábamos más que todo de teatro. Yo le hablé de Bob Wilson y sus maravillosos montajes, los cuales a él le entusiasmaron. Le hablé también del célebre montaje de Peter Brooks “Marat Sade” en Broadway que fue un gran suceso. También le contaba del teatro de Off-Broadway y Off-Off-Broadway, el cual era más de vanguardia y rompedor y me daba cuenta que eso lo entusiasmaba mucho.

¿Qué significa para ti Carlos Giménez?

Considero a Carlos Giménez un pionero,  consideró a Carlos Giménez un gran realizador, considero a Carlos Giménez un gran señor.  Realmente tú puedes hablar de un antes y un después de Carlos Giménez en relación al teatro de América Latina. Considero que el Festival Internacional de Teatro que organizó  Carlos Giménez es, fue y sigue siendo uno de los festivales más importantes que se hicieron a nivel mundial.

 ¿Trabajaste con Carlos?

Sí, en un  Festival de Teatro,  porque como tú bien sabes yo hacía mucho  performance, yo soy de los pioneros del happening y de los performance en América Latina, antes de irme a vivir a Nueva York  yo había hecho dos espectáculos multimedia que fueron muy importante,  con Cabrujas,  Testimonio y  Homenaje a Henry MillerY en Nueva York hice mucho performance también. Y  le propuse a Carlos organizar un festival internacional de performance que se realizaría junto con el festival de teatro, a él le gustó mucho la idea pero al final no se consiguió presupuesto para eso. 

Pero sí participé como performista en el teatro Juana Sujo que estaba en Los Caobos, con  un performance que por supuesto que tenía que ver con el petróleo,  junto con ese actor extraordinario que es Héctor Myerston,  Vytas Brenner hacía la música y  Julio Neri lo filmó. Fue un gran suceso, fue realmente muchísimo público, público que me seguía a mí y público de Carlos, porque Carlos con el festival de teatro  se había ganado un puesto absolutamente justo y él tenía un público extraordinario, sin ninguna duda.

¿A Carlos se le notaba el poder? Crees que él abusaba de ese poder?

No era que se le notara, él tenía  una personalidad fuerte cómo la tienen muchos creadores, yo entre ellos. Y no te olvides que también uno tiene que estar parado frente a muchas adversidades y frente mucha gente que,  bueno,  no entiende lo que uno hace y que, por supuesto, la mayoría de las veces critica sin saber.

Pero para mí Carlos era muy centrado y  no encontré que él hiciera uso de poder. Y aunque yo  tampoco intimé tanto con Carlos, en principio,  por  mi experiencia y por mi olfato,  puedo decirte que él me parecía una persona muy correcta, una persona que mantenía mucha coherencia con su forma de ser,  era versátil, tenía muy buen balance pues, o sea, si quieres que te lo defina de otra manera, entre el Ying y el Yang él estaba como en el medio, así era como yo lo percibía. 

Ahora, por supuesto que hay otras opiniones. Pero para mí era una persona, primero que nada, muy profesional, lo cual para mí es muy importante y segundo,  muy talentoso y tenía mucha fe en lo que hacía y se arriesgaba y eso para mí es fundamental. 


Carlos Giménez, José Salas y Jorge Arán de gira
por Europa: 1963-64. Fuente: Jorge Arán
Izq. Presidente de Argentina, Arturo Illia, Anita Giménez, Cristina Cardozo (de espaldas),
Eugenio Raschetti y Carlos Giménez, de espaldas, integrantes de El Juglar, Casa Rosada,
 Buenos Aires, 1964. El presidente les había otorgado un subsidio para que pudieran ir  a
 los festivales de teatro de Francia y Polonia en 1965.



Carlos era un hombre muy generoso, de ayudar a la gente con dinero y con trabajo. En general tenía un carácter apacible, pero cuando se enojaba estallaba como un volcán. Yo, que trabajé con él, lo escuché gritar algunas veces, pero nunca sin motivo. ¿Cómo fue tu relación con él?

Carlos, como todo creador y como toda persona que tiene la responsabilidad de dirección y de curaduría, etc, tenía su carácter, como debe ser.  Conmigo siempre fue muy gentil, igual yo con él. Ahora, me acuerdo que en  un ensayo al que me había invitado,  sí se molestó mucho con un actor  que no daba la talla y que, además, no  parecía que se lo estaba tomando muy en serio: Carlos  realmente le dio un grito y lo mandó al diablo.  Y a mí me pareció  que tenía razón, en fin, esas son cosas a discutir, pero yo pienso que sí tenía razón de hacerlo.

Hay muchas definiciones maravillosas sobre Carlos, pero no puedo citarlas a todas así que sólo citaré tres.
Para Rubén Monasterios, era “un ángel furibundo”. Para Azparren Giménez  “hubo una pasión por Carlos Giménez que siempre me recordó  al personaje de Teorema, la película de Pasolini”. Y para Norma Aleandro, era  “un ser tierno, encantador, con un gran carisma y (…)  un “ÁNGEL” impresionante”, y el “ángel” lo dijo en mayúsculas. ¿A qué Carlos conociste tú o conociste a los tres

Conocí a los tres y estoy de acuerdo con las definiciones que dieron ellos tres.  Para mí también fue un pionero, una persona que  se la jugaba,  una persona que podía caminar por la cuerda floja sin  malla protectora, algo en lo que me identifico mucho con él porque yo también he sido así toda mi vida, y lo sigo siendo a la edad que tengo, que son setenta y ocho años aunque no parezca, (gracias a Dios, Dios me protege)… te digo algo, mira, el verdadero creador, el innovador, siempre es una persona que, entre las características que tiene una es esa:  o tiene mucha gente que lo ama o tiene mucha gente que lo odia.  Y  yo creo que Carlos pertenecía a esa estupenda y maravillosa dinastía. 

De sus obras, ¿cuál o cuáles te gustaron más?

Viviana, me tocó por suerte ver varias obras de él que me parecieron todas realmente muy muy buenas y muy bien montadas, muy correctas y muy profesionales. A mí la parte profesional  me interesa mucho, por supuesto junto con la parte creativa: Venezuela tuyaTu país está felizEl coronel no tiene quien le escriba, etc.,  fueron muchas las obras de Carlos que vi y  todas me parecieron muy buenos montajes, de primera, o sea, unos montajes  de primer mundo realmente.

De las instituciones que creó ¿cuál te parece más importante?

Oye, pienso que todas fueron muy importantes y todas marcaron hitos en América Latina y en muchos lugares fuera de América Latina: el Festival Internacional de Teatro y todas las instituciones que él creó.

¿Qué significó para ti la muerte de Carlos?

Para mí la  muerte de Carlos Giménez fue muy lamentable, sumamente lamentable o sea, se murió muy joven y se murió un hombre que era muy positivo, muy importante y  que realmente revolucionó, en el buen sentido de la palabra, porque la palabra revolución también está muy machucada y desgraciadamente muy tergiversada, pero él sí  revolucionó el teatro en América Latina, con su estética,  su  manera de sentir el teatro,  la manera de comunicarse a través de ese arte maravilloso que es el teatro.   Yo sí pienso que fue,  y para mí sigue siendo,  una muerte muy lamentable. 

¿Y qué crees que significó para la cultura venezolana?

La muerte de Carlos significó mucho para la cultura en Venezuela, porque Carlos fue fundamental,  fue pivotal, para la cultura venezolana,  sobre todo en el teatro,  sin ninguna duda. Y, sí creo también que Carlos Giménez  hace mucha falta en el espectro de  la cultura en el mundo, definitivamente.

Si Carlos pudiera oírte, ¿qué le dirías?

Mira, Viviana, si Carlos estuviera vivo le diría: caramba hermano, cómplice, oye qué gusto de verte, qué gusto de saludarte, mira, me voy a permitir darte un gran abrazo,  me voy a permitir felicitarte, me voy a permitir decirte que realmente gente como tú hace mucha falta en el mundo, gente como tú, gente positiva, gente con fe, gente con coraje, gente con pasión,  es lo que realmente necesitamos en este mundo para seguir adelante, para mejorarlo, para sanearlo.

Y quiero decirte  también que comparto al cien por ciento muchas de las cosas que tú pensaste, que nunca me las dijiste por supuesto, porque no tuvimos esa confianza, pero sí que yo las sentí las veces que nos encontramos en el cafetín del Ateneo de Caracas, cuando compartíamos y  hablamos y nos reíamos y hacíamos chistes muy simpáticos sobre la gente de Nueva York, que ese era mi fuerte no el tuyo,  de Warhol,  del cine underground, del teatro off off Broadway,  de toda la gente que yo te nombré y que a ti te encantaba, Bob Wilson, en fin,  eran tantos personajes maravillosos. 

Rolando, muchas gracias.
Muchas gracias a ti por haberme convocado.



Miami, 24 de Mayo de 2020




Aggression = Death, 1966, New York, Happening.  Autor y  fuente: Rolando Peña



Rolando Peña



En la Enciclopedia Británica Barsa del año 1968, el crítico de arte Stazis Gostautas escribió: “Rolando Peña (artista venezolano), fundador y director de Foundation for The Totality (grupo de arte latinoamericano, con sede en Nueva York), es el pionero en los espectáculos Multimedia-Psicodélicos, Happenings, Performance en América Latina”.
Peña comenzó su carrera artística en 1963 en un medio tan diverso como el performance y las body actions, instalaciones, grabaciones, cine, video, multimedia y tecnología de imágenes. Colaboró con destacados dramaturgos, intelectuales y curadores como Andy Warhol, Allen Ginsberg, José Ignacio Cabrujas y Pierre Restany. En 1965, Peña organizó, junto con el dramaturgo José Ignacio Cabrujas en Venezuela, los dos primeros espectáculos multimedia que tuvieron lugar en América Latina: Testimonio y Homenaje a Henry Miller.

Desde los años 80 hasta la actualidad, Peña ha creado una obra monumental con el  petróleo crudo como tema central. Su crítica a la sociedad de consumo, y especialmente a la explotación petrolera, se ha convertido en un ícono del arte contemporáneo.
Peña ha vivido en Nueva York, París y Caracas, donde ha exhibido su trabajo en exposiciones individuales y colectivas, experiencias de performance, instalaciones, en lugares cerrados y  espacios públicos.

Los premios y reconocimientos a Peña incluyen: The Guggenheim Foundation Fellowship, por la obra “Make Oil Green”, 2009; “Maestro de  Arte Contemporáneo” otorgado por  la Asociación Internacional de Críticos de Arte, Venezuela, 2010; premio “Armando Reverón” de la Asociación de Artistas de Venezuela, 2012; Tributo Especial, 3ra Bienal Internacional de Arte, Mérida, Venezuela, 2014; “Maestro del Arte Multimedia 2014” de la Asociación de Arquitectos de Venezuela; el premio “Andrés Bello” otorgado por  la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela en reconocimiento a su   trayectoria en las artes en Venezuela y las Américas, 2016.

En 2017, Peña fue reconocido en los Estados Unidos como uno de los precursores del cine experimental en América Latina, con dos de sus películas: La Cotorra No. 2 y Diálogos con Ché, este último presentado en los festivales de cine de Cannes y Berlín, en 1969.
En 2018, Peña presentó en Pinta Miami, y por primera vez al público, Foundation for The Totality, una exposición del grupo concebido y dirigido por Peña, que recuerda las contribuciones de artistas latinoamericanos en el contexto de la escena artística y la cultura "underground" de la ciudad de Nueva York durante los años sesenta y setenta.

A fines de 2019, Peña fue invitado a participar en la celebración de los 100 años de la Bauhaus durante la Bienal de Arte de Performance Visual Performa19 en la ciudad de Nueva York, con su último trabajo Less is More - Homenaje a John Cage.

En 2020 Rolando Peña  fue presentado como un  Proyecto Especial por la Galería Baró en la Feria de Arte Contemporáneo ARCO de Madrid.




Spontaneous Rupture of Symmetry: The Barrel of God, 2001.
Autor y fuente: Rolando Peña

Oil will be more oil in love, 2008.  Performance.
Autor y fuente: Rolando Peña




Solo Mene. Autor y fuente: Rolando Peña












Argentina concede la prisión domiciliaria a un médico del mayor centro clandestino de la dictadura / Mar Centenera, El País, España, 30 de abril de 2020

Esta foto no está en la nota original: es un agregado de este blog

Carlos Capdevila, de 74 años, tiene tres condenas por crímenes de lesa humanidad


Carlos Capdevila, de 74 años, fue uno de los médicos más citados ante los tribunales por los sobrevivientes del mayor centro clandestino de detención que funcionó durante la dictadura (1976-1983), la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). Encarcelado desde hace 16 años, cumple una triple condena por crímenes de lesa humanidad, entre ellos, apropiación indebida de menores y aplicación de tormentos. Pero frente a la pandemia de la covid-19 es uno de los casi 1.300 presos considerados en riesgo y la Justicia le ha otorgado el beneficio del arresto domiciliario, lo que ha desatado una ola de críticas de organismos de derechos humanos.

El juez Daniel Obligado rechazó la libertad condicional solicitada por el represor por considerar que “no se encuentran dadas las condiciones para la reinserción social del condenado a través del instituto de la libertad condicional”. Sin embargo, decidió concederle la prisión domiciliaria amparado en que "no es posible soslayar que se trata de una persona de 74 años, con graves problemas de salud, y calificado por la División Sanidad del Servicio Penitenciario Federal como un paciente de riesgo frente a la covid-19”.


Según el informe del Cuerpo Médico Forense solicitado por el juez, Capdevila sufre hipertensión arterial, cáncer de próstata y problemas motrices, entre otras complicaciones de salud. El juez evaluó también que Capdevila no está debidamente aislado en la Unidad 31 de Ezeiza, donde cumple su condena y comparte lugares comunes con otros presos.

Organizaciones como H.I.J.O.S. han repudiado el fallo y reclaman que todos los genocidas cumplan su condena en la cárcel común y queden excluidos de cualquier beneficio. “El informe psicológico dice que el condenado “no expresó ideas reparatorias ni actitud empática con las víctimas de sus delitos”. ¿Qué hacía Capdevila en la ESMA? Como médico, participó en el robo de bebés y se encargaba de ver cuánto más podían seguir torturando a las víctimas”, señaló la agrupación a través de las redes sociales.


En 2017, decenas de miles de argentinos salieron a la calle para exigir que se revocase la sentencia que reducía la pena de un represor y abría las puertas a numerosas excarcelaciones de otros partícipes del terrorismo de Estado. Dos años después, agrupaciones como H.I.J.O.S. ven en la pandemia una nueva amenaza a los logros conseguidos contra la impunidad desde que en 2003 se anularon las leyes de obediencia debida y punto final y se reanudaron los juicios.

El mismo beneficio que Capdevila recibieron en días previos otros represores, como el exmiembro de la inteligencia policial Lucio Nast, condenado a 22 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad. La semana pasada, los magistrados de la Cámara Federal de Casación Penal le concedieron el arresto domiciliario a este expolicía de 66 años condenado por los delitos de privación ilegal de la libertad, torturas y homicidios en el centro clandestino de la exjefatura de Policía de Rosario, el más grande de la provincia de Santa Fe.

Por mayoría, el tribunal consideró que Nast debía ser considerado un detenido de alto riesgo ante el coronavirus por su edad y su complicado estado de salud. Sufre gastritis, hernia hiatal e inguinal, diverticulosis, dolor crónico abdominal, colelitiasis, trauma acústico, y secuela de herida de arma de fuego en tórax y pelvis”, según el historial médico citado por los magistrados. En su fallo, se ampararon en las numerosas recomendaciones de organismos nacionales e internacionales con incidencia en la materia y en ese marco, a las consecuencias sobre las personas detenidas consideradas dentro del grupo de riesgo”.


Mar Centenera
Buenos Aires, 30 de abril de 2020
Fuente: El País








Apelan indemnizar a perseguidos por la dictadura / Perfil, Buenos Aires, 4 de septiembre de 2007


Fue el propio Gobierno. Lo hizo sobre resoluciones de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que hicieron lugar al reclamo de cuatro víctimas que debieron exiliarse forzosamente durante el Proceso:  Eduardo Molina Zequeira, Norma Grinfeld de Goobar, Viviana López Osornio y Andrea Benites Dumont.




 
El Gobierno apeló ante la Corte Suprema una serie de fallos de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le ordenaba pagar una indemnización a perseguidos de la última dictadura a quienes el Ministerio de Justicia les había negado tal reparación histórica. 

 Así lo informaron a la agencia de noticias DyN allegados a los propios beneficiados por el fallo de la Cámara. 

 El 21 de agosto pasado, esa agencia informó que desde abril la Cámara en lo Contencioso Administrativo hizo lugar al reclamo de cuatro víctimas de la dictadura que debieron exiliarse forzosamente porque sus vidas corrían peligro. 

Se trata de los casos de Eduardo Molina Zequeira, Norma Grinfeld de Goobar, Viviana López Osornio* y Andrea Benites Dumont, todos ellos exiliados durante la dictadura y con status de refugiados políticos reconocido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

 Todos ellos iniciaron el trámite administrativo previsto por la Ley 24.043, sancionada en noviembre de 1991, que establece “beneficios a las personas que hubieran sido puestas a disposición del P.E.N. durante la vigencia del estado de sitio, o siendo civiles hubiesen sufrido detención en virtud de actos emanados de tribunales militares”. 

En los cuatro casos, el reclamo había contado con la aprobación de la Secretaría de Derechos Humanos, a cargo de Eduardo Luis Duhalde, pero fue rechazado por la Procuración del Tesoro, a cargo del ex juez Osvaldo Guglielmino y por el ministro de justicia, Alberto Iribarne. 

En todos los casos, la Sala Uno de la Cámara, con las firmas de los jueces Pedro Coviello, Néstor Buján y Bernardo Licht, dejó “sin efecto” las resoluciones del Ministerio de Justicia que negaron el beneficio a las víctimas de la dictadura y ordenó “a la autoridad administrativa que realice la liquidación conforme la situación fáctica denunciada”. 

Sin embargo, los abogados del gobierno apelaron la medida ante la máxima instancia judicial y, según revelaron las fuentes, lo propio había hecho anteriormente con otros casos similares. 

En el último de los fallos, el de Benites Dumont, DyN pudo establecer que el Estado presentó recurso extraordinario el 17 de agosto, y diez días después el expediente pasó a estudio de la Corte Suprema. 

En los hechos, la apelación implica que el fallo de Cámara no está firme y, en consecuencia, el Estado no pagará –al menos por ahora- las indemnizaciones a las víctimas de la dictadura. 


 Fuente: Perfil



 Nota del blog:  Viviana López Osornio* es  Viviana Marcela Iriart. 

                       












Carta de Viviana Marcela Iriart (Viviana Marcela López Osornio) al 
Dr. Nestor Kirchner, presidente de Argentina



"Mientras la mayoría de los torturadores siguen en libertad, disfrutando del dinero que le robaron a sus víctimas y al país al aumentar la deuda externa, no puedo creer que hoy la democracia le siga dando la razón a ellos y me siga condenando a mí, y a miles de exiliados y exiliadas como yo, al negarme la condición de perseguida política y el beneficio de la indemnización. Si esto no es un triunfo de la dictadura sobre  nosotros, sus víctimas, dígame por favor qué es".




Caracas, 5 de septiembre de 2007.
Excelentísimo Sr. Presidente

Nestor Kirchner

Buenos Aires
República Argentina.-


De mi mayor consideración:

Soy una víctima de la dictadura argentina. Mi nombre es Viviana Marcela López Osornio, tengo 49 años de edad, soy escritora y desde 1979 vivo en Venezuela, cuando la dictadura me condenó al exilio y me robó mi país.


Como tenía miedo de que la dictadura se enseñara con mi madre y mis hermanas, que habían quedado en Argentina, desde entonces escribo usando el apellido de mi madre: Viviana Marcela Iriart.

A los 20 años (año 1978), simplemente por hacer uso del derecho a la libertad de expresión y oponerme públicamente a la guerra con Chile en la pequeña revista que dirigía llamada 'Machu Picchu', fui perseguida por la dictadura y obligada, meses más tarde,  a asilarme en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires para salvar mi vida.


Allí permanecí casi un mes 'detenida', porque estar asilada es equivalente a estar 'detenida', puesto que una está privada de su libertad y sin derecho, en mi caso, de recibir visitas, cartas, llamadas telefónicas, ni de hacerlas.


Durante casi un mes permanecí aislada en una pequeña oficina en donde dormía en un sofá.
Gracias a las gestiones de la Embajada de Venezuela, la dictadura finalmente autorizó mi salida del país el 17 de mayo de 1979.
Gracias también a la Embajada de Venezuela la dictadura autorizó cinco minutos para despedirme de mi madre en el aeropuerto de Ezeiza, pero no a solas, sino dentro de un círculo formado por militares y personal de la Embajada de Venezuela.

Al irme salve mi vida pero perdí todo.

Mi país, mi familia, mis amistades, mis estudios universitarios, mi ciudad, mis libros, mis discos, mi perro, mi identidad.
La dictadura me convirtió en una apátrida. Una extranjera.
La dictadura me arrancó todo, incluso la juventud y la risa.

En su lugar dejó una amnesia parcial que me recuerda, cada vez que aflora, que ella es producto de la persecución, el miedo, el asilo, el exilio. Un 'regalito' de la dictadura.


Durante casi 5 años no vi a madre ni a mis hermanas, porque ellas no tenían recursos económicos para venir a verme.
Durante ese período fui una incansable luchadora contra la dictadura. A los 23 años participé en el Primer Congreso de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Latinoamericano, que se realizó en Costa Rica y luego en el Segundo Congreso, realizado en Caracas.

Si la democracia volvió a Argentina, fue gracias también a la lucha de  todos los exiliados y exiliadas que sobrevivíamos a la xenofobia, la nostalgia, problemas económicos, de salud, sin dejar por ello de luchar contra la dictadura, a favor de todas las víctimas y por el regreso de la democracia.

Si el exilio no es un castigo, Presidente Kirchner, si el exilio no convierte en víctimas a quienes lo padecen, dígame usted qué es.

 

Porque yo sé lo que sufrí desde que la dictadura tocó la puerta de mi casa en La Plata , una noche de septiembre de 1978, hasta el 30 de diciembre de 1983 cuando regresé a Argentina. El ACNUR, quien me dio estatus de refugiada, también lo sabe.

Mis únicas armas siempre fueron las palabras, y por eso ahora recurro ahora a ellas para pedirle una explicación para entender lo que está pasando.
 Hoy leo con estupor en la web de 'Perfil' que 'el gobierno apeló ante la Corte Suprema una serie de fallos de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le ordenaba pagar una indemnización a perseguidos de la última dictadura...'
Yo soy una de esas perseguidas.
Y si la noticia es verdad, no puedo creer que su gobierno, que tanto ha hecho por la reparación de las víctimas de la última dictadura y la condena a sus victimarios, pueda cometer semejante INJUSTICIA.


A 28 años de mi CONDENA AL EXILIO  por parte de la dictadura, hoy me siento doblemente víctima.  Víctima de aquella dictadura genocida y víctima de la decisión de la democracia.

Mientras la mayoría de los torturadores siguen en libertad, disfrutando del dinero que le robaron a sus víctimas y al país al aumentar la deuda externa, no puedo creer que hoy la democracia le siga dando la razón a ellos y me siga condenando a mí, y a miles de exiliados y exiliadas como yo, al negarme la condición de perseguida política y el beneficio de la indemnización.

Si esto no es un triunfo de la dictadura sobre  nosotros, sus víctimas, dígame por favor qué es.

Le envío mi foto de cuando estaba exiliada. Quizá viendo los ojos de una víctima recapacite sobre su decisión sobre  mi caso y la de los otros perseguidos, porque es muy fácil negarle la indemnización a víctimas sin rostro.

Esperando su respuesta y que se haga JUSTICIA, conmigo y con todas las personas que fuimos condenadas al exilio por la dictadura,  agradezco la atención a la presente.

Atentamente,

Viviana Marcela López Osornio
D.NI. 11.995.518
Telf. 00548-212-9577900 / correo electrónico: vivianamarcelairiart@hotmail.com

PD: Adjunto Testimonio. Copia de “Machu Picchu”. Foto. Copia de “Perfil”.









Caracas, 5 de septiembre de 2007.

Dr. D. Alberto Fernández
Jefatura de Gabinete de Ministros
República Argentina.-


Estimado Dr. Fernández:

Esta carta en realidad se la quiero dirigir al presidente Kirchner pero, como él no tiene dirección de correo electrónico, no me queda más remedio que escribirsela a Ud. y pedirle, por favor, que haga de intermediario.

Soy una víctima de la dictadura argentina. Mi nombre es Viviana Marcela López Osornio, tengo 49 años de edad, soy escritora y desde 1979 vivo en Venezuela.
Como tenía miedo de que la dictadura se enseñara con mi madre y mis hermanas, que habían quedado en Argentina, desde entonces escribo en diarios y revistas  usando el apellido de mi madre: Viviana Marcela Iriart.

A los 20 años (año 1978) , simplemente por hacer uso del derecho a la libertad de expresión y oponerme públicamente a la anunciada guerra con Chile en la pequeña revista que dirigía llamada 'Machu Picchu', fui perseguida por la dictadura y obligada, meses más tarde,  a asilarme en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires para salvar mi vida.
Allí permanecí casi un mes 'detenida', porque estar asilada es equivalente a estar 'detenida', puesto que una está privada de su libertad y sin derecho, en mi caso, de recibir visitas, cartas, llamadas telefónicas, ni de hacerlas.
Durante casi un mes permanecí aislada en una pequeña oficina en donde dormía en un sofá.
Gracias a las gestiones de la Embajada de Venezuela, la dictadura finalmente autorizó mi salida del país el 17 de mayo de 1979.
Gracias también a la Embajada de Venezuela la dictadura autorizó cinco minutos para despedirme de mi madre en el aeropuerto de Ezeiza, pero no a solas, sino dentro de un circulo formado por militares y personal de la Embajada de Venezuela.

Al irme salve mi vida pero perdí todo. Mi país, mi familia, mis amistades, mis estudios universitarios, mi ciudad, mis libro, mis discos, mi perro, mi identidad.
La dictadura me convirtió en una apátrida. Una extranjera.
La dictadura me arrancó todo, incluso la juventud y la risa. En su lugar dejó una amnesia parcial que me recuerda, cada vez que aflora, que ella es producto de la persecución, el miedo, el asilo, el exilio. Un 'regalito' de la dictadura.
Durante casi 5 años no vi a madre ni a mis hermanas, porque ellas no tenían recursos económicos para venir a verme.
Durante ese período fui una incansable luchadora contra la dictadura.
A los 23 años participé en el Primer Congreso de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Latinoamericano, que se realizó en Costa Rica y luego en el Segundo Congreso, realizado en Caracas.

Si la democracia volvió a Argentina, fue gracias también a la lucha de  todos los exiliados y exiliadas que sobreviviamos a la xenofobia, la nostalgia, problemas económicos, de salud, sin dejar por ello de luchar contra la dictadura, a favor de todas las víctimas y por el regreso de la democracia.

Si el exilio no es un castigo, Dr. Fernández, si el exilio no convierte en víctimas a quienes lo padecen, dígame usted qué es. Porque yo sé lo que sufrí desde que la dictadura tocó la puerta de mi casa en La Plata, una noche de septiembre de 1978, hasta el 30 de diciembre de 1983 cuando regresé a Argentina. ACNUR, quien me dio estatus de refugiada, también lo sabe.

Mis únicas armas siempre fueron las palabras, y por eso ahora recurro ahora a ellas para pedir una explicación para entender lo que está pasando.


Hoy leo con estupor en la web de 'Perfil' que 'el gobierno apeló ante la Corte Suprema una serie de fallos de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le ordenaba pagar una indemnización a perseguidos de la última dictadura...'
Yo soy una de esas perseguidas.
Y si la noticia es verdad, y para confirmarlo es que le escribo, no puedo creer que el gobierno del presidente Kirchnner, que tanto ha hecho por la reparación de las víctimas de la última dictadura, pueda cometer semejante injusticia.
A 27 años de mi salida al exilio por parte de la dictadura, hoy me siento doblemente víctima.
Víctima de aquella dictadura genocida y víctima de la decisión de la democracia.

Mientras la mayoría de los torturadores siguen en libertad, disfrutando del dinero que le robaron a sus víctimas y al país al aumentar la deuda externa, no puedo creer que hoy la democracia le siga dando la razón a ellos y me siga condenando a mí, y a miles de exiliados y exiliadas como yo, al negarme la condición de perseguida política y el beneficio de la indemnización. Si esto no es un triunfo de la dictadura sobre  nosotros, sus víctimas, dígame por favor qué es.

Esperando su respuesta y que se haga justicia, agradezco la atención a la presente.

Atentamente,

Viviana Marcela López Osornio
D.NI. 11.995.518
 
PD: Adjunto testimonio de lo que me sucedió, que mi abogada, la Dra. Moreno, presentó ante la justicia.






TESTIMONIO de VIVIANA MARCELA LOPEZ OSORNIO
 (VIVIANA MARCELA IRIART) presentado ante la justicia argentina

 

 

Yo, Viviana Marcela López Osornio, argentina, D.N.I No. 11.995.518, Pasaporte No. 10.775.271, nacida en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, el día 3 de Abril de 1958, de 40 años de edad, hija de Enriqueta Ana Iriart y César Eduardo Lopez Osornio, de Profesión Productora de Teatro y Escritora, conocida artísticamente como VIVIANA IRIART, testimonio lo siguiente:

 

1975: A los 17 años fuí elegida Dirigente Estudiantil del Turno Tarde de la “Escuela de Comercio Manuel Belgrano” (calle 9 y 38, La Plata), actividad que finalizo ese mismo año cuando me recibo de Perito Mercantil.

 

1978:

* Febrero: Edito, con fondos propios, el primer número de la revista cultural “Machu Picchu”, en donde publico poesías de intelectuales reconocidos, como Pablo Neruda y Bernardo Verbitsky, y de jóvenes e inéditos poetas y cuentistas. La revista tenía ocho páginas escritas en máquina de escribir y se vendía en algunas librerías de la ciudad de La Plata.



* Marzo: Curso primer año de Periodismo en la “Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social” de La Plata, reabierta después de tres años de cierre. El director era el Profesor Daniel Alfredo Pabón, extraoficialmente conocido entonces como miembro del CIDE.


* Mayo (aproximadamente): Gano por concurso un cargo como Archivadora de Microfilm en el Registro Provincial de las Personas, calle 1 y 60 de La Plata, departamento que recién se creaba.


Al lado del edificio había caballerizas en donde, según me dijeron antiguas empleadas, había funcionado un centro clandestino de detención.


Debido a mis estudios me tocó el turno de la mañana, en donde éramos unas quince personas de las cuales todas, excepto yo, habían conseguido el puesto por palanca: eran hijos, esposas, hermanos, familiares o conocidos de policías.


Nuestro jefe, me dijeron estos compañeros de trabajo, era policía.


La primer tarea que me asignaron fue archivar fichas NN. Como me llamaban mucho la atención que no hubiera nombres, sólo fechas y ciudades, un día le pregunté en secreto a una de las empleadas con más antigüedad en la oficina lo que significaban esas fichas. Ella me pidió que no dijera nada a nadie, pero que esas fichas correspondían a personas detenidas-desaparecidas.


Mi primera intención frente a esta información fue escribir un artículo para la Escuela de Periodismo. Consulté con dos o tres compañeros de estudio y ellos me hicieron tomar conciencia del peligro que podía correr si presentaba ese artículo en la Escuela en donde, todos sabíamos que, aparte del Director, había personal administrativo y estudiantil que eran personal policial.


Desistí de la idea pero en forma secreta elaboré un listado de NN por ciudades que, años más tarde ya en el exilio, hice llegar a Madres de Plaza de Mayo.


Semanas más tarde me trasladan al Departamento de Microfilm y me asignan una compañera, puesto que el trabajo había que realizarlo en pareja.




* Septiembre: Edito el número 4 de la revista “Machu Picchu”, en la que publico una pequeña frase mía en contra de la guerra con Chile y del reclutamiento militar:

 

                “Vivamos en el Amor y la Paz: digamos NO a la guerrra con Chile.

                  NO al reclutamiento militar.”

 

Envío unos ejemplares a algunos programas de radio que hacían publicidad gratis.

Un compañero de trabajo me dice que escuchó la publicidad en un programa y me pide un ejemplar prestado. Se lo doy.


La tarde siguiente me dice que El Jefe se quedó con el ejemplar de la revista.


En la mañana siguiente El Jefe me dice que he sido trasladada a una oficina contigua, en donde seré la única empleada, y que sigo bajo sus órdenes. Mi trabajo: archivar fichas pero ya no de NN.


Ese mismo día El Jefe, en charla íntima, le dice a mi compañera de microfilm que no tenga más amistad conmigo, que soy una persona peligrosa.


A las dos de la tarde cuando, como todos los días, nos íbamos juntas para firmar nuestras fichas de salida, ella me hace notar que al pasar por una oficina un hombre desconocido al verme llamó a otro, que estaba dentro de la oficina, y me señaló cuando pasé. Cuando volvemos a pasar por esa oficina ya no están.


El Edificio del Registro tenía varias puertas que siempre estaban abiertas.


Esa tarde todas las puertas habían sido clausuradas menos una, en donde había dos filas de hombres a ambos lados, entre los que se encontraban los dos hombres anteriores que me habían señalado. Pasé entre medio de ellos.


Como a las siete de la noche pedí permiso en la Escuela de Periodismo para ausentarme, porque no me sentía bien.


A los pocos minutos de estar en mi casa, calle 29 No. 862 de La Plata, sonó el timbre y dos hombres de civil, que se identificaron como policías con carnets que no llegué a leer, me dijeron que querían hablar conmigo sobre mi revista ¨Machu Picchu".
 

El interrogatorio duró aproximadamente dos horas y en ningún momento ejercieron violencia física sobre mí, sólo sicológica.


Me preguntaron las direcciones y teléfonos de las personas que colaboraban con la revista, datos que negué tener aduciendo que estas personas me enviaban sus artículos y poemas directamente a la Escuela de Periodismo.


Me acusaron de ser comunista por publicar poesías de Pablo Neruda, Bernardo Verbitsky, Joan Baez, Oriana Fallaci, según ellos gente que estaba prohibida.


Me pidieron el registro legal de la revista, el cual estaba en trámite, así que les di comprobante del mismo.


Me preguntaron quién financiaba económicamente la revista y quién la distribuía, a lo que contesté que yo era la única responsable de la revista y de todo lo que tenía que ver con ella.


Al irse me dijeron que si seguía publicando a gente “prohibida” me allanarían la próxima edición. 


Al día siguiente en el trabajo El Jefe, en larga  e informal “charla”, me acusó de ser comunista y de que “Machu Picchu” era una revista que hacía apología del comunismo. Recuerdo sus palabras finales casi textuales: “¿Sabe cuánta gente que llevaba a Neruda como estandarte tuvo que irse de la ciudad y nunca más se supo de ella?” Horas más tarde volvió a decirle a mi antigua compañera de microfilm que dejara de tratarme.


Esa misma tarde en el patio de mi casa quemé la edición casi completa de “Machu Picchu” número 4 (sólo había distribuido unos pocos ejemplares antes de la “visita” de la policía).


 

* Octubre a Diciembre: Tanto en la oficina del Registro Provincial de las Personas como en la Escuela de Periodismo recibí amenazas periódicamente.

Un íntimo amigo mío fue interrogado por el prof. Daniel Pabón, Director de la Escuela de Periodismo, acerca de mis hábitos: quién visitaba mi casa, qué tipo de literatura leía, si recibía correspondencia del extranjero, etc. Le dijo que tres eran las cosas que podían pasarme: 

1) que me desaparecieran;
2) que me secuestraran y me dieran una paliza para intimidarme;

3) que me detuvieran y metieran presa.





1979

* Enero a Marzo: La primera semana de enero, asustada por las amenazas decido abandonar la ciudad de La Plata. Es bueno recordar que yo tenía apenas 20 años de edad y que, debido a mi trabajo en el Registro Provincial de las Personas, estaba bien enterada de lo que la dictadura había hecho hasta ese momento, por lo cual estaba verdaderamente aterrada frente a lo que me estaba sucediendo.


Antes de dejar la ciudad mando un telegrama de renuncia al Registro Provincial de las Personas aduciendo motivos personales.


En la noche voy con mi novio al Convento de San Miguel, provincia de Buenos Aires,  porque allí, según me había dicho él, los curas que ya estaban enterados de mi caso le habían dicho que iban a darme refugio por una noche.


Sin embargo, al llegar al lugar y explicarle al sacerdote encargado del lugar lo que me estaba sucediendo, éste se niega a darme amparo por esa noche argumentando que, si la policía llegaba a buscarme, los iba a comprometer a ellos.


Comienza entonces un largo peregrinaje en donde, gracias a la solidaridad de maravillosos amigos y amigas, logro encontrar sitios donde dormir y comida diaria.



*Abril 23: A las pocas semanas de haber cumplido 21 años me Asilo en la Embajada de Venezuela en Buenos Aires (Av. Santa Fe 1461, piso 7),  siendo el Segundo Secretario, Sr. Hugo Quiñones, el encargado de mi caso. El amablemente me informa que:

1) no puedo mandar ni recibir cartas;

2) hacer ni recibir llamadas telefónicas;

3) recibir visitas;

4) asomarme al balcón que estaba en la oficina contigua.

 


Me asignan la oficina de un consejero que estaba de viaje, cuya única ventana daba a la Av. Santa Fe.


Todos los contactos con mi familia se realizaron a través del Sr. Quiñones, que me mantenía al tanto de la situación de mi madre y mis dos hermanas.


Quiero dejar constancia de que en la Embajada de Venezuela fui tratada maravillosamente bien y sólo tengo palabras de agradecimiento eterno para todo el personal, desde el Embajador a los conserjes, que tanto apoyo moral y sicológico me dieron en tan difíciles momentos.


Como carecía de Pasaporte, personal de la Policía Federal junto al Secretario de la Cancillería Argentina se apersonaron en la oficina de la Embajada para realizar los trámites necesarios para que me dieran uno.


* Mayo 16: El Sr. Quiñones me informa que la dictadura autorizó mi salida del país y que al día siguiente al mediodía, en vuelo de Viasa, viajaré para Caracas. También me dice que la dictadura autorizó que mi madre fuera al aeropuerto para despedirse de mí.




* Mayo 17: El Sr. Quiñones me informa que, desde el momento mismo en que salgamos de la oficina de la Embajada, por CUESTIONES DE SEGURIDAD yo debo caminar y permanecer siempre entre medio de él y del Secretario de la Cancillería Argentina.

El Embajador de Venezuela, en un gesto muy amable, me regala 50 dólares, siendo éste mi único capital.


En un auto de la Embajada de Venezuela me llevan a Ezeiza. En este auto ibamos:

* adelante un chofer y el Sr. Angel Rodríguez, ambos personal de la Embajada;

* en la parte de atrás el Sr. Quiñones, yo y el Secretario de la Cancillería Argentina, en ese orden.


Adelante de este auto iba uno de la Policía Federal, que hizo sonar la sirena durante todo el trayecto y no respetó ninguno de los semáforos en rojo que encontró en su camino.


Atrás otro de la Policía Federal pero sin inscripciones. 


A mitad de camino se incorporó al principio de la caravana un Camión del Ejército con soldados.


En total ibamos custodiados por tres unidades: dos autos de la Policía Federal y un camión militar.


Al llegar a Ezeiza me dejan en una oficina, cerrada, y el Sr. Quiñones me informa que traerán a mi madre para que nos despidamos.

 

Minutos más tarde el Sr. Quiñones me dice que hay problemas: los militares que controlan el Aeropuerto se niegan a permitir que me despida de mi madre. Me dice que él y el Sr. Rodríguez seguirán tratando de convencerlos. Se va.


Regresa minutos más tarde y me dice que los militares aceptaron que me despida de mi madre con las siguientes condiciones:

1)   nos dan cinco minutos;

2)  mi madre y yo no podemos despedirnos a solas sino en un círculo formado por los militares y el personal de la Embajada. Así lo hacemos.

3) A los cinco minutos exactos nos separan.

 


El Sr. Quiñones me informa que mi Pasaporte y DNI se me entregarán al llegar al Aeropuerto de Caracas.


Me despido del personal de la Embajada y quedo en manos de un militar que me lleva a una oficina. Allí paso a manos de  otro militar que me lleva hasta la entrada del avión y me entrega a una azafata. El avión llevaba varios minutos de retraso porque estaba esperando por mí.


El Capitán y la tripulación de Viasa me hacen una cordial bienvenida. El Capitán me invita a pasar a la cabina, en donde abre una botella de champán para que yo festeje por mi libertad.


Al llegar al Aeropuerto de Maiquetía, en Venezuela, una azafata me dice que no puedo bajar del avión hasta que ella me avise.


Cuando el avión queda vacío aparece una muchacha a buscarme y fuera del avión me hace entrega de mis documentos.


La muchacha me acompaña a realizar los trámites normales de aduana y a recoger mi pequeña valija, me desea suerte y se va.


Es de noche, llueve y no hay nadie en el aeropuerto esperándome.


Así, a los 21 años,  comienza mi exilio.

 

A los 21 años soy obligada por la dictadura argentina a dejar mi casa, mi familia, mis amigos, mis estudios, mi trabajo.

 

Forzada a abandonar mi patria para sumergirme en un largo exilio lejos de mis seres queridos y de mis costumbres.

 

Como ya lo había hecho antes la dictadura con miles de hombres y mujeres argentinos que fueron obligados a abandonar el país para salvar sus vidas y la de los suyos.

 

A los 21 años la dictadura argentina me quitó el derecho a seguir creciendo, educándome y formándome en los valores de mi propia patria.

 

A los 21 años la dictadura me quitó todos los derechos y me convirtió en una exiliada.

 

Habiendo perdido todo no perdí sin embargo el sentido de la libertad y de la justicia, y por eso desde mi llegada a Venezuela trabajé ad-honorem en diferentes organismos de derechos humanos que luchaban por los derechos de los presos y los detenidos-desaparecidos argentinos.

 

* Septiembre 1979: Me incorporo a la Sección Venezolana de Amnistía Internacional. Ad-honorem.




1980

* Marzo: Co-Fundadora y miembro de la Junta Directiva de la “Coordinadora Pro Derechos Humanos en Argentina”. Ad-honorem.

 

* Agosto: El “Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados” (ACNUR) me da estatus de Refugiada.

 


1981

* Enero: Participación en el “Primer Congreso de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de América Latina”, en representación de la Sección Venezolana de Amnistía Internacional, Costa Rica.

 

* Marzo: Elegida miembro de la Junta Directiva de la Sección Venezolana de Amnistía Internacional.

 

* Agosto: Participación en el “Congreso Anual de Amnistía Internacional” en nombre de la Sección Venezolana de Amnistía Internacional, Montreal, Canadá.

 

*Noviembre: Participación y organización del “Segundo Congreso de Familiares de Detenidos-Desaparecidos”, en nombre de la Sección Venezolana de Amnistía Internacional, Caracas.

 

* Colaboración con las organizaciones de Derechos Humanos FUNDALATIN y PROGRAMA PRO REFUGIADOS LATINOAMERICANOS, ambas dirigidas por el Padre Juan Vives Suriá.

 


1982

* Continúo trabajando por lo derechos humanos.

 


1983

* 30 Diciembre: Regreso a Argentina. Mi estado de salud mental, estaba en tratamiento siquiátrico en las oficinas del Servicio Social Internacional, y mi precaria situación económica me impidieron radicarme nuevamente en el país,  como había sido mi sueño durante los años de exilio.

 

Quiero hacer constar que la cruel experiencia vivida durante los años 1978 y 1979 en Argentina, más los casi cinco años de exilio, provocaron en mí grandes trastornos sicológicos que he sobrellevado con largos años de terapia siquiátrica y sicoanalítica.

 

Los años de exilio fueron años de indefensión, de empleos de poca remuneración dado que no  había podido concluír mis estudios en Argentina y porque  no pude continuarlos en Venezuela porque la Escuela de Periodismo de La Plata, con excusas,   se negaba a darle mi certificado de estudios a mis familiares.

 

En el año 1980 mi hermana mayor, de 26 años, enfermó gravemente de Lupus y a partir de ese momento la mitad de mis ingresos los enviaba yo a mi madre en Argentina,  para solventar los gastos de la enfermedad, que eran enormes.

 

Fueron años de vivir de cuarto en cuarto porque nunca había dinero suficiente para alquilar un departamento.

 

Años de soledad, porque mi familia nunca tuvo dinero suficiente para venir a visitarme.

 

Pasé cuatro años y siete meses sin ver a mi madre y a mis dos hermanas.

 

Arrancada de mi patria.

 

Hoy, veinte años más tarde, sigo siendo pacifista, sigo creyendo en la poesía, sigo amando la libertad, sigo creyendo en que todos los seres humanos merecemos un mundo más justo y más digno donde vivir en paz y en armonía, con plenos derechos democráticos.

 

Y creo en mi DERECHO a ser INDEMNIZADA con una justa reparación por haber sufrido graves restricciones a mi libertad personal, por el único motivo de haber ejercido mi DERECHO A LA LIBERTAD DE EXPRESION.

 

Y creo firmemente que este DERECHO  que estoy reclamando no va a ser sólo un beneficio para mí y para mi familia, víctima indirecta por mi persecución, sino un DERECHO PARA TODO EL PUEBLO ARGENTINO.

 

Porque la única forma de evitar que el pasado se repita es administrando JUSTICIA.

 

Así sea con veinte años de atraso.

 

 

 Viviana Marcela Lopez Osornio                                                            
 Av. Las Palmas, Edf. Avila, PH

D.N.I. No. 11.995.518                                                                          
 Las Palmas, Caracas, Venezuela

                                                                                                                             
 


Nota del blog: El Convento de San Miguel era el Centro Loyola (o  Colegio Máximo) de los Jesuitas.  El Superior Provincial de los Jesuitas era Jorge Bergoglio, quien actualmente es el  papa Francisco.

 







 






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