"Mi dolor de exilio es tan grande que cubre todo mi cuerpo.

Muevo un dedo del pie y sufro".

Lejos de casa


¿Aborto legal no? Entonces, Vasectomía Obligatoria y Gratuita para todos los hombres en edad de reproducirse/ por Viviana Marcela Iriart, 28 de diciembre de 2020

 


 

Si los fetos fueran personas, serían enterrados al nacer. 

Y hasta donde yo sé, no hay ningún cementerio legal de fetos en Argentina.

 Si los fetos fueron personas

  recibirían un nombre y una partida de nacimiento. 

Y hasta donde yo sé, esto tampoco existe. 

Por lo tanto, el único ser humano que existe en los primeros 

3 meses de un embarazo es una mujer.

  La única que muere en un aborto es una mujer.

 

 


Hoy se discute en el Senado la aprobación o no de la legalidad del Aborto.  Es sorprendente ver la cantidad de compañeritos senadores que están en contra, claro, como ellos no paren. Que haya compañeritas que también están en contra no me sorprende, porque después de siglos  de esclavitud es lógico que tengan  la autoestima muy baja.


Lo mismo puede decirse de la Iglesia Católica y todas las religiones creadas y dominadas por los hombres quienes, durante siglos, han desparramado desde el púlpito y desde sus libros sagrados el odio hacia las mujeres y  a quienes, respetuosamente, les digo: no voten ni hablen de lo que no saben. 


Porque que los hombres, los estados y las religiones hablen del Aborto es como si yo hablara del dolor que produce una patada en los testículos: ni idea.


Las personas que están en contra del aborto no están a favor de las “dos vidas”, como dice su slogan: están en contra de la mujer, odian a la mujer. Porque el aborto ya existe. La muerte de las mujeres ya existe.


Si los fetos fueran personas, serían enterrados al nacer. Y hasta donde yo sé, no hay ningún cementerio legal de fetos en Argentina. Si los fetos fueron personas, recibirían un nombre y una partida de nacimiento. Y hasta donde yo sé, esto tampoco existe. Por lo tanto, el único  ser humano que existe en los primeros 3 meses de un embarazo es una mujer.  La única que muere en un aborto es una mujer.


A mí lo que me sorprende de la llamada gente Pro Vida, que se opone al aborto,  es que se preocupe tanto por la niñez no nacida   y nada por la niñez que ya nació: los orfanatos y las villas miserias están llenos de niñas y niños que viven con la mayoría de sus derechos humanos violados, incluidos sus cuerpecitos.


Sin embargo, nunca he visto una manifestación de la llamada gente Pro Vida (como si las mujeres que abortan no estuvieran VIVAS) por esa infancia que ya existe.


Que la vida de una mujer importe menos que la de un feto, sólo habla del odio que las personas que se oponen al aborto sienten por las mujeres. Valen tan poco las mujeres para estas personas, que una vida no nacida tiene más derechos que la mujer que hace la vida.


Pero, la solución no es tan difícil como parece.  Decidir sobre lo que las mujeres podemos o no hacer con nuestros cuerpos es un “derecho” que el patriarcado ejerce desde hace siglos. Que las mujeres decidamos que pueden o no hacer los hombres con su cuerpo es un derecho que tenemos que imponer, porque para los hombres, su pene parece que es Dios.


Así que, querida gente que se opone al aborto, la solución es fácil: Vasectomía Obligatoria y Gratuita para todos los hombres en edad de reproducción. Y 20 años de cárcel para que el que se niegue y 20 años de cárcel para quien embarace a una mujer sin su consentimiento. Esta última condena  hasta que salga la ley, que tendrá que ponerse en práctica con la precisión con la que los militares reclutaban a los adolescentes para hacer el servicio militar en los años 80: nadie puede salvarse.


De esta manera se acabarían los abortos.


Y los hombres evitarían juicios por paternidad.


El control de la vida estaría en manos de los hombres.


Y como casi todo está en manos de ellos, ¿qué tal, queridos amigos,  si se enganchan con esta idea revolucionaria y pro hombre y la proponen en el Congreso?


Imagínense, queridos hombres, que nunca  más podrán ser chantajeados, escrachados y despojados de parte de su patrimonio por mujeres que les acusan (falsamente, ¡por supuesto!) de ser el padre del bebé que están esperando y  que, ¡por supuesto!, no es suyo aunque usted haya metido su pene en esas vaginas 100 veces sin siquiera usar un miserable condón de segunda mano.


Por otro lado, querida gente Pro Vida, los hombres ya no podrían dejar hijas e hijos abandonados, algunos de los cuales se transforman en delincuentes juveniles y para quienes mucho de ustedes piden que sean condenados como   adultos aunque sólo tengan 14 años.


Ojalá que Argentina, que ha sido pionera en algunas leyes, llegue por fin al siglo XXI y apruebe la Ley de Vasectomía Obligatoria y Gratuita.


Si mi idea no les gusta, entonces compórtense como seres humanos y voten a favor del Aborto Legal y Gratuito.


Porque esa ley no obliga a ninguna mujer a abortar.


Esta ley nos devuelve a las mujeres nuestros cuerpos, expropiados desde hace siglos por los estados, las religiones y el patriarcado.


Que se haga justicia.

 

©Viviana Marcela Iriart

28 de diciembre de 2020

 

Plaza Carlos Giménez de la Fundación Rajatabla / Viviana Marcela Iriart, 14 de diciembre de 2020

 


"Es el rito del horror. ¿Por qué tanto odio?"
Caracas, 1984






Anita Giménez, hermana de Carlos, y un espantoso busto de Carlos Giménez (con perdón de su autor o autora) colocado en el patio que está a la entrada de la Fundación Rajatabla, a la que bautizaron Plaza Carlos Giménez, unos años después de su muerte.


¡¡¿¿Plaza??!!


¿Acaso no se merece Carlos que la Fundación Rajatabla que él creó y convirtió en un éxito internacional lleve su nombre? ¿Hasta cuándo seguiremos esperando? Qué pasó con sus amados rajatablinos que no quieren honrarlo?


No te preocupes, Carlitos, ya pronto llegará el tiempo de las uvas dulces.


©Viviana Marcela Iriart
14 de diciembre de 2020



CARLOS GIMÉNEZ CREADOR TEATRAL


Plaza Carlos Giménez







¡Bravo, Carlos Giménez! Luis Garván, actor, director: "Carlos era un genio... revolucionó el teatro contemporáneo internacional"/ entrevista de Viviana Marcela Iriart, Madrid, 11 de diciembre de 2020

 


Homenaje a Carlos Giménez



¡Bravo, Carlos Giménez! Porque Carlos (Argentina 1946-Venezuela 1993) en apenas 30 años de carrera dirigió más de 80 obras de teatro en Argentina, Venezuela, México, Perú, Nicaragua, España y Estados Unidos, donde fue invitado por el mítico productor Joseph Papp, y creó  -entre otras - nueve instituciones culturales de gran importancia en Venezuela y Argentina.

¡Bravo, Carlos Giménez! Porqué creó  el Festival Internacional de Teatro de Caracas, junto a la entrañable y talentosa María Teresa Castillo;  el Instituto Universitario de Teatro  (IUDET), el Grupo Rajatabla, el Taller Nacional de Teatro (TNT), el Teatro Nacional Juvenil de Venezuela (TNJV), el Centro de Directores para el Nuevo Teatro (CDNT), ASITEJ (Asociación Internacional de Teatro para la Juventud, Capítulo Venezuela)  y, en Córdoba,  el Festival Latinoamericano de Teatro y el grupo El Juglar cuando todavía era adolescente.

¡Bravo, Carlos Giménez! Porque cuando Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura,  vio el El Coronel no tiene quien le escriba adaptada y dirigida por ti, dijo de sus personajes: “No los reconozco, los conozco. No los había conocido, los conocí ahora. Yo me imaginaba cómo eran, pero nunca los había visto. Ahora los vi.”

¡Bravo, Carlos Giménez! Por haber llevado a Venezuela lo mejor del teatro del mundo, permitiendo que tomáramos talleres con los grandes Maestros y Maestras y ver sus espectáculos a precios populares: Tadeusz Kantor, Berliner EnsemblePeter Brook, Giorgio StrehlerPeter SteinLindsay KempPina BauschNorma AleandroVanessa RedgraveKazuo OhnoTomaz PandurEva BergmanEugenio BarbaYves LebretonPeter Schumann,   Antunes FilhoGilles MaheuSantiago GarcíaDarío FoEls JoglarsFranca RameEllen StewartJoseph Papp,  Andrezj WajdaDacia Mariani

¡Bravo, Carlos Giménez! Por hitos como Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias,  Bolívar La Muerte de García Lorca de José Antonio Rial, Martí, La Palabra de Ethel Dahbar, La Honesta Persona de Sechuan de Brecht, Tu país está feliz de Antonio Miranda, El Campo de Griselda Gambaro, La señorita Julia de Strindberg, Peer Gynt de Ibsen, El Coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez…  Porque sus obras fueron ovacionadas en Europa, Estados Unidos y América Latina.  Porque su talento como director y gerente cultural fue único, extraordinario, irrepetible en la escena latinoamericana.

¡Bravo, Carlos Giménez! Porque a los 19 años gana sus primeros premios internacionales en los festivales de teatro de Cracovia y Varsovia (Polonia), otorgados por el Instituto Internacional de Teatro-Unesco (ITI)  y participa en el Primer Festival de Teatro de Nancy (Francia).

¡Bravo, Carlos Giménez! Porque a los 22 años recorre América Latina por tierra haciendo teatro para las hijas y los hijos de los mineros, los pescadores, las campesinas, los olvidados y olvidadas de la tierra y nunca dejó de hacerlo.

¡Bravo, Carlos Giménez! Porque fue generoso, amable, humilde y agradecido, aunque a veces la leyenda diga lo contrario. Un ser humano con todas las virtudes, defectos y contradicciones de los seres humanos.

¡Bravo, Carlos Giménez! 

Porque fue un genio.
Y me haces mucha falta.


Memoria del FITC 1973-1992


Luis Garván y Benigno  Acuña en Memory, escrita y dirigida por Carlos Giménez



Luis ¿en qué año y en qué ciudad conociste a Carlos Giménez?

A Carlos le conocí, creo que en 1979 o 80, yo tenía 15 años, él estaba postrado en una cama de una clínica de Caracas.

¿Por qué estaba hospitalizado?

Había sufrido un accidente grave, la caída de un andamio mientras dirigía un montaje. Un accidente que casi le quita la vida. Yo estaba becado en el Teatro Negro de Barlovento y estaba hospedado en casa del director Armando Urbina, quien fue a visitarlo y me llevó con él a la clínica.

Nunca me imaginé que años después tendría el privilegio de formar parte del elenco Rajatabla durante 8 años de mi vida artística. 8 años que me marcaron para siempre.  

Pero en verdad lo conocí a la salida de la obra La Fiesta de los Dragones, que dirigía el español Juan Margallo para Rajatabla. Yo trabajaba en el montaje que se hacía al aire libre en el Parque del Este. Cuando terminó la obra se acercó a mí, me felicitó y se vino charlando conmigo hacia los camerinos, yo, por supuesto, sorprendido. Ese día me invitó a las lecturas de La Charite de Vallejo que comenzaban en esa semana en Rajatabla.

Desde entonces Rajatabla se convirtió en mi casa y los compañeros en mi familia. Yo venía del interior, de  la ciudad de El Tigre, tenía 18 años, me convertí en el actor más joven del elenco estable de Rajatabla

¿Qué te pareció Carlos? ¿ Intimidaba?

Carlos era un hombre genial, además de ser un genio como artista, como persona era un tipo muy generoso, bromista, leal, estaba acostumbrado a estar rodeado de muchos aduladores, por eso sabía todo lo que acontecía en el interior del templo Rajatabla. 

No creo que Carlos basara su relación con los demás a partir del miedo, ni profesional, ni personalmente. Imponía, eso sí. Otra cosa es que era extremadamente riguroso, exigente, siempre obsesionado por la perfección.

Un director no debe intimidar, su trabajo consiste en generar confianza, no se puede crear en libertad bajo presión y eso él lo sabía perfectamente.

¿Habías visto alguna obra suya antes de conocerlo?

Esta es una historia muy hermosa, cuando se la conté a Carlos se conmovió mucho, creo que eso nos hizo más cercanos, más cómplices.

La primera vez que vi  Rajatabla yo tenía 12 años. Rajatabla se presentaba en mi pueblo, El Tigre. Entre los muchachos se corrió el comentario de que en la obra salía una mujer desnuda. La obra era El Candidato y la mujer desnuda era Sonia Vera.  No teníamos ni dinero, ni edad para ver la obra. Nos montamos en el techo del gimnasio cubierto donde se hacía la representación. Quede hipnotizado por lo que veía desde las alturas, cual mono sujeto a las rejas fui testigo del acontecimiento que cambiaría mi vida para siempre. Pensé “esto es lo que yo quiero hacer,” pasado el desnudo mis amigos bajaron y se fueron, yo seguí colgado. Era mágico aquello, había una fuerza de atracción entre la obra de Carlos y ese adolescente que por primera vez veía una obra de teatro. Al pasar el rato, baje y le pedí al de la puerta que me dejara entrar, pues ya había pasado el desnudo, me miró y me dejó entrar. Termine de ver la obra desde adentro, en un rincón. Esos recuerdos los vivo como si fuera ayer, están tan marcado en mi memoria. Me acuerdo de Daniel López sin piernas en un carrito, de Pepe Tejera en zancos, de Cosme Cortazar y de Carlos Canut.

¿Carlos ya era famoso y poderoso?

Oí decir más de una vez a Carlos…”yo no quiero la fama, quiero la gloria”, creo que a Carlos eso de la fama no le interesaba, estaba por encima de eso, Carlos quería trascender con su arte, tocar el cielo con los dedos, su ambición no pasaba por la fama. Su obra trascendió más allá de lo insospechado. Su obra conmovió al mundo del teatro universal.

Solo los que participábamos en sus montajes sabemos la importancia de Rajatabla en los escenarios del mundo. Rajatabla cosechaba muchísimo más éxito en el extranjero que en Venezuela. Las ovaciones en el mundo todavía resuenan en mis oídos.

El poder de Carlos consistía en su capacidad de seducir, de gestionar sus proyectos, convencer a todo aquel que dudara de sus propuestas. La estética del poder dentro y fuera de las tablas. Un día me dijo: lo más importante para un director es descubrir el sentido dialéctico del teatro.

Mucha gente decía que Carlos se repetía, no, Carlos creó un estilo, el estilo Rajatabla, sus discursos escénicos y estéticos eran inconfundibles. Tadeusz Kantor es inconfundible, al igual que Ingmar Bergman o Giorgio Strelher, eso no es fácil, allí solo llegan los grandes. 

¿Crees que Carlos cambió cuando se convirtió casi en el hombre más poderoso de la cultura venezolana?

Carlos siempre fue Carlos Giménez, cuando estuvo seguro de su poder, fue cuando comenzó a cristalizar los proyectos fuera de Rajatabla. O sea, Carlos utilizó su poder para convertirse en el hacedor de realidades. Surgió el Taller Nacional de TeatroEl Centro de NuevosDirectoresEl Taller Nacional Juvenil de Venezuela y por supuesto la consagración del Festival Internacional de Teatro de Caracas.

Convirtió a Rajatabla en una transnacional de arte, exportando teatro, con coproducciones en New York, Spoletto (Italia), México, Argentina, Rusia. Ya no dependía solo de las ayudas y subsidios estatales y del Ateneo de Caracas. Creo que esto se aprendió después del conflicto con el Ateneo de Caracas y la familia Otero, conflicto que generó una crisis institucional que nos tuvo sin cobrar durante tres meses.  Yo estaba ese día, fue durante una función de El Pasajero del Ultimo Vagón en la quinta Macondo de los Otero. Pero no hablaré de eso.


Memoria del TNT 1984-1990



¿En qué obras trabajaste con él?

La Charite de VallejoAgua LindaAlegría y Mapulín, BolívarLa muerte de García LorcaMacbethEl Pasajero del Ultimo VagónLa Honesta Persona de ShechuanRamón Terra NostraTu País Está FelizHistoria de un CaballoLa Celestina, La máscara Frente al Espejo Memory, Casas MuertasEl EmbrujadoCipango. Tuve la dicha de participar en la época dorada de Rajatabla. 17 obras y ocho años inolvidables, creo que se me queda alguna sin nombrar.




La Máscara frente al espejo



Luis Garván y Jorge Luis Morales en Alegría y Mapulín


¿En cuál te gustó participar más y por qué?

Para mí todas fueron experiencias muy positivas, cada proceso creativo implicaba nuevos retos, vivencias nuevas, aprendizajes maravillosos. Los procesos de creación en Rajatabla eran auténticos descubrimientos. Pero quiero referirme a un proceso muy especial porque es el fiel reflejo de lo que era Rajatabla  

A raíz del éxito rotundo de Bolívar en New York, el influyente productor estadounidense fundador del New York Shakespeare Festival y del Public TheaterJoseph Papp, acordó con Carlos el estreno mundial en New York del próximo montaje de Rajatabla, el montaje elegido fue el “Testamento del Perro”. Como siempre se realizó todo el proceso de análisis, lecturas, distribución de personajes, íbamos atrasados y ya solo quedaban 20 días para el montaje, ensayos y estreno en New York. Ya todo estaba preparado, estábamos ya todos en la sala para el primer día de ensayos, esperando la llegada de Carlos, entró con su asistente y comenzó a repartir un nuevo texto.. Dijo: "no vamos a montar el Testamento del Perro, vamos a montar La Celestina.." Nos miramos a las caras todos, pero nadie dijo nada. Adelante.

Fueron 15 días de encierro en la sala Rajatabla, salíamos a las 5 de la mañana y entrábamos a las 2 de la tarde, 8, 10 y 12 horas sin parar. A veces en pleno ensayo yo podía ver a Carlos dormido en la butaca, aun así seguíamos  poseídos por la poderosa fuerza mágica del montaje. Nunca más he vivido algo parecido en mi vida. Logramos acabar el montaje en diez días y quedaban 5 días para apoderarnos de la vida de la tragedia, hacerla nuestra.

En New York tuvimos 2 días de ensayos incluida la noche del estreno. Horas antes del estreno ya estábamos vestidos, preparados en el escenario, comenzó a sonar la percusión en directo y todos comenzamos a danzar en el escenario, entregados al rito, poseídos por la magia Rajatabla. Se apagaron las luces y se hizo un silencio, que presagiaba lo que allí sucedería, silencio que se rompió con la entrada del público, a partir de allí, yo no supe nada más hasta despertar por la ovación que retumbaba en el patio de butacas. Ahora los poseídos eran ellos, el público que gritaba BRAVOOOOOO. Minutos de aplausos sin cesar.

A las 5 de la mañana pudimos leer una página entera del New York Time con la crítica más maravillosa que he podido leer de La Celestina. La consagración de Rajatabla en la cuna del teatro norteamericano, New York. Luego nos esperaba San Francisco, Ciudad de México, San Salvador y Caracas.

¿Cómo podía ser posible algo así? Solo con un genio como Carlos Giménez!! Yo lo llamé…El Milagro Rajatabla.      



 The New York Times, 13 de agosto de 1987


 ¿Cómo era Carlos en los ensayos, además de exigente? 

Mucha gente habla que Carlos era un puestista, que no dirigía actores, creo que esa leyenda la crearon los envidiosos, los odiantes, esos que como Salieri con Mozart, no soportaban la grandeza del genio.

En los ochenta, cuando la semiótica teatral había aportado estudios que significaban el salto del teatro contemporáneo de finales del siglo XX, ya Carlos estaba en sintonía con estos aportes. Cuando ya había salido a la luz el último legado de Stanislavski, el revolucionario Método de las Acciones Físicas y Análisis Activo, ya Carlos lo estaba poniendo en práctica de manera efectiva con su compañía.  Carlos siempre iba por delante, con años de distancia. No era un genio por ósmosis, era un estudioso e investigador que revolucionó el teatro contemporáneo internacional. Mucho hay que estudiarle para comprender el teatro y saber de dónde viene nuestro teatro verdadero. Lamentablemente no es motivo de estudio.

¿En qué giras y festivales participaste con esas obras?

Moscú, Riga, Lituania, Georgia, La Habana, New York, San Francisco, Ciudad de México, Guanajuato, San Josè de Costa Rica, Puerto Rico, San Salvador, Bogotá, Manizales, Buenos Aires, Córdoba, Rio Tercero, Carlos Paz, Madrid, Sicilia, Curazao, Montevideo, etc. etc.  Luego con mi compañía El Globo Teatro he estado en Egipto, Túnez, España, Jordania, Siria, China, Francia, Brasil y Venezuela. O sea que gracias al teatro he podido recorrer muchos escenarios en el mundo.

 Carlos era un hombre muy generoso, de ayudar mucho a la gente con dinero  y con  trabajo. En general tenía un carácter apacible pero cuando se enojaba estallaba como un volcán.  Yo lo escuché gritar algunas veces, pero nunca sin motivo. ¿Cómo fue tu relación con él?

Yo crecí en Rajatabla, me hice un hombre de teatro bajo la tutela de Carlos, me considero uno de sus discípulos más cercanos, no de una obra, de una experiencia, sino de un proyecto de vida. Casi todo lo que sé, se lo debo a Carlos y lo que he aprendido y sigo aprendiendo es gracias a las herramientas que me he llevado de Carlos. Me he convertido en director desde hace mucho tiempo, incluso antes de su muerte.

Carlos fue mi mentor y de una extraordinaria bondad conmigo, el sabía que yo quería ser director. Cuando viajábamos, me acostumbré a ir al teatro antes de que Carlos llegara a la sala y jugaba a imaginarme como resolvería el montaje en ese espacio, muchas veces acertaba y otras no. Cada escenario era una incógnita, ya que Carlos acostumbraba a aprovechar todo lo que el espacio físico del teatro le proporcionaba, la mayoría de sus montajes eran sin telones, descubría al espectador eso que normalmente está oculto, lo ponía a disposición de su obra y hacia maravillas, eso del espacio vacío del que habla Peter Brook. A veces él me veía sentado en el patio de butacas y en algún momento me preguntaba algunas dudas, me imagino que era para ponerme a prueba. Complicidad creativa.

A mí me deportaron de España justo cuando iba a dirigir la compañía la Cuarta Pared de Madrid. Fue una deportación improcedente, ilegal. El caso fue que llegué a Venezuela desesperado, entré a su oficina y le conté lo que había sucedido y que incluso los policías me comentaron cómo podía entrar desde Portugal, para poder seguir allí y dirigir la obra de la Cuarta Pared. Carlos sacó su tarjeta de crédito y me dijo: "ve ahora mismo a Viasa y compra un billete de avión a Portugal", llamó a Williams López y le dijo: "sácale a Wicho un visado en la embajada de Portugal ahora mismo". Me abrazó y me dijo al oído: "negrito, nadie tiene derecho de romper sus sueños. Vete". Lo digo ahora con lágrimas en mis ojos. Era un gran hombre, como un padre para mí.

¿Cuál de sus obras de teatro te impactó más y por qué?

Creo que sus obras maestras fueron BolívarLa CelestinaPeer Gynt y El Coronel no Tiene Quien le Escriba.

 


El Coronel no tiene quien le escriba



¿Por qué te fuiste de Rajatabla?

Me gané el premio al mejor actor del Festival Goldoni del Instituto Italiano de Cultura. Era una Beca para cursar estudios en La Bottega Teatral de Vittorio Gassman, el Instituto Internacional de Actor de Paolo Cocceri ambos en Florencia y El Piccolo Teatro de Milán de Georgio Strelher.

 

Hay muchas definiciones maravillosas sobre Carlos, pero no puedo citarlas a todas así que sólo citaré tres. 

Para Rubén Monasterios era “un ángel furibundo.

Para Azparren Giménez  “hubo una pasión por Carlos Giménez que siempre me recordó  al personaje de Teorema, la película de Pasolini”.

Y  para la nominada al Oscar, Norma Aleandro, Carlos tenía un “ÁNGEL” impresionante”, y el “ángel” lo dijo en mayúsculas. ¿A qué Carlos conociste tú o conociste a los tres? 

 Respecto a la definición de Azparren Giménez, creo que no lleva buena intención, Azparren nunca ha disimulado su  aversión por Carlos.

Y entre Rubén Monasterio y Norma Aleandro, me quedo con Norma. Era más Ángel que furibundo. Su furia era más dialéctica, pero no era un tipo que viviera furioso. Que tenía momentos de furia sí, creo que en determinados casos  era una estrategia para conseguir algunos determinados objetivos y en otros casos no.

Recuerdo que New York el técnico se negó a resolver un problema de Iluminación y se armó una memorable, mandó a recoger todo en los baúles y dijo a gritos: nos volvemos Venezuela. Me recordó a la obra Bolívar…".Vámonos muchachos, esta gente no nos quiere en esta tierra..." (se ríe). Vino al Teatro el  mismísimo Josep Papp para resolver el entuerto.  Pero ya le conocíamos, era un show para conseguir su objetivo. A veces lo hacía en los ensayos como un método de presión. Pero la más fuerte que yo pude presenciar fue lo sucedido en la  quinta MACONDO, eso no era un Show…..

Y como ya dijiste anteriormente no quieres hablar de eso, así que no te preguntaré¿Qué es lo que más valoras de su trabajo y de su persona?

TODO, CARLOS NO TENÍA DESPERDICIO

De todas las instituciones que Carlos creó, cuál o cuáles te parecen las más importantes?

La que permanece aún es el Taller Nacional de Teatro (TNT) Aunque no es ni la sombra de lo que era. Yo formé parte del Staf de profesores fundadores a los 22 años. Creo que la más ambiciosa e importante fue el Taller Nacional Juvenil de Venezuela (TNJV), con núcleos en diversos estados. La idea era emular el sistema nacional de orquestas sinfónicas de Abreu. Lamentablemente no le dio tiempo, sino, el destino del teatro nacional sería abismalmente diferente con toda seguridad.  

 ¿Qué es lo mejor que aprendiste con él?

A respetar a los actores, a saber dirigir actores. ((Actualmente además de dirigir me dedico a la formación, soy coach de interpretación, especialista en el método de las acciones físicas y análisis activo). A entender el sentido dialéctico del teatro. Aprendí a construir discursos escénicos y luego obras de teatro. Mis montajes sufren metamorfosis, se van transformando, evolucionando, están vivos y se modifican según el espacio al que se enfrentan. Hago un teatro palpitante, vivo. Entiendo la semiótica del teatro contemporáneo, el manejo de los signos, del lenguaje.  Todo Gracias a él.

¿Qué significó para ti la muerte de Carlos?

La pérdida del amigo, del maestro.


¿Y para la cultura venezolana?

El atraso, la muerte del teatro venezolano

 

Si Carlos pudiera escucharte, ¿qué le dirías?

Siempre que estreno un montaje minutos antes me voy a un rincón y conecto con su espíritu. Hablo con él, le dedico la lucha. Es un rito muy íntimo y afectivo que realizo en cada montaje que llevo a cabo.

Gracias, Luis, un placer hablar contigo.

Gracias a ti por esta oportunidad.


©Viviana Marcela Iriart

Madrid, 11de diciembre de 2020


Luis Garván: actor, director, profesor, fundador de El Globo Teatro.



Joseph Papp presenta The Tempest, New York


El Campo


Carlos Giménez: la paz y la libertad



CARLOS GIMÉNEZ CREADOR TEATRAL

Sara Solarz Osatinsky y el documento que reveló la ESMA, los vuelos de la muerte y el robo de bebés / Alejandra Dandán, Página 12, Buenos Aires, 23 de Noviembre de 2020

 


La historia del "Testimonio de París" que conmovió al mundo: 

"Nosotras venimos del infierno"


Sara Solarz Osatinsky señalando a Alfredo Astiz,
uno de los genocidas argentinos




Sara Solarz de Osatinsky, sobreviviente de la ESMA, murió este lunes en Suiza a los 85 años, Junto a Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí brindó el histórico testimonio ante la Asamblea Nacional francesa que exhibió desde adentro los crímenes de la última dictadura. La increíble historia de cómo se gestó ese documento.


Se escucha la voz de Sara Solarz de Osatinsky, sobreviviente que fue testigo de muchos partos.


Reproductor de audio

Entrevista a Sara Solarz OsatinskyAna Maria MartiNorma Burgos, (noviembre de 1979), y a Hipólito Solari Yrigoyen. Fuente: La Galerna del Sur


“Somos tres mujeres argentinas, unas de las pocas sobrevivientes de un campo de concentración militar de nuestro país. Nosotras venimos del infierno”, así comienza el testimonio brindado en octubre de 1979 por Sara Solarz de Osatinsky, Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional francesa. Es uno de los testimonios más importantes de la causa ESMA, elaborado durante meses y concluido en un apart hotel de Madrid con máquinas de escribir alquiladas y un grupo de sobrevivientes más amplio. Un texto al que aquellas mujeres le pusieron la voz y el cuerpo cuando estaban en libertad pero aún perseguidas por la Armada. El testimonio de París, como se lo conoce, reconstruyó con tanta precisión la dinámica del centro clandestino que hoy se lo considera como el primer intento nunca superado de sistematizar la arquitectura de la ESMA y contiene cierto carácter anticipatorio en su modo de organizar la información. El listado de quince mujeres que dieron a luz en el centro clandestino no equivocó hasta ahora ni un solo sexo de los niños y niñas nacidos y robados de la ESMA, identificados recién años más tarde. Tampoco hay equívocos en lo que fue la primera y muy discutida reconstrucción de los “traslados”, el nombre que los marinos le pusieron a lo que más tarde se conoció como vuelos de la muerte.

Pocos días antes de la sentencia del megajuicio ESMA III de 2017, Página/12 reconstruyó la historia de ese documento a partir de los testimonios de las tres mujeres en ocasión de los juicios y de un escrito preparado por una de ellas, al que accedió este diario, que da cuenta de los miedos y las discusiones que atravesaban la época. Para los investigadores, el listado que se lee como uno de los orígenes del modo de reconstrucción de pruebas que desde entonces elaboran los sobrevivientes adquiere mayor entidad con el paso del tiempo. En su alegato, los ex fiscales del juicio Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele sumaron a este testimonio otros 24 listados hechos en los primeros años de liberación por quienes salieron del infierno. También fue una forma de homenaje. “El aporte realizado en el año 1979 por tres mujeres sobrevivientes de la ESMA fue esencial en la reconstrucción probatoria: en él se da cuenta de los detalles, del modo en que operaba el grupo de tareas –señalaron Soiza Reilly y Friele–. Estas mujeres, en este documento, relatan lo vivido dentro de la ESMA, listan a sus compañeros de cautiverio, mencionan la existencia de los vuelos de la muerte, de los nacimientos clandestinos, del actuar represivo y hasta del robo de bienes como parte del entramado ilegal desplegado. Es a partir de la valoración de estas huellas que la Justicia juega un rol importante en la construcción de la verdad.”


Ana María Martí

“Antes de dejarme salir, el Tigre Acosta me hizo firmar un papel. Decía que yo me había entregado voluntariamente. Nos dijeron que ya sabíamos lo que teníamos que hacer: que no olvidemos que nuestra familia estaba en Argentina, que nos iban a controlar, que teníamos que llamar de tanto en tanto a la ESMA, cosa que hice cuando llegué a Madrid”, dijo Martí en uno de los juicios. Ana María, casi dos años secuestrada, el último mes en compañía de sus hijos de 7 y 9 años, capturados en un operativo del Ejército. Cuando ella se enteró que ellos estaban secuestrados “pedí, mejor dicho imploré, que mis hijos sean entregados a mi padre, pero me respondieron que el Ejército quería retenerlos como anzuelo para detener a mi marido”. El 17 de noviembre la llevaron a una quinta operativa y al día siguiente le entregan a sus hijos. Habían permanecido en una comisaría. “Los hacían trabajar en tareas tales como revisar los bolsos de los familiares que visitaban a las detenidas. Mi hija Carmela de 7 años sabía perfectamente qué cosas podían entrar y cuáles no a la comisaría.” El 19 de noviembre de 1978 finalmente se tomó un vuelo a Madrid pagado por la Armada. Viajó con sus hijos pero también con Sara Solarz de Osatinsky.

Sara Solarz de Osatinsky

Sara declaró en innumerables ocasiones. Su testimonio sobre quince nacimientos a los que asistió en la ESMA fue una de las pruebas fundamentales del juicio por la apropiación de bebés. Lo que vivió, sin embargo, al salir del centro clandestino es uno de los relatos menos conocidos. Luego de aterrizar en Madrid, viajó a Valencia con Ana María y los niños y poco después tuvo que volver a la ESMA.

“Desde el aeropuerto en Madrid, tenía que enviar, y envié, una tarjeta a una casilla de correo: llegamos bien, decía. Nada más. Era la única indicación que nos dieron. Nos quedamos en Madrid hasta las Navidades, el 24 viajamos a Valencia y después del 25 conseguimos un departamento a unos 12 kilómetros de ahí. Desgraciadamente, la dirección que había tenido que dar era la de la persona que consiguió el departamento.” El día 3 de enero de 1979, la persona llevó a alguien de visita a la casa de Valencia.

– Miren a quién les traigo –les dijo–: es un amigo de ustedes que no tenía la dirección, y buscaba a Valeria.

Sara era Valeria Linares. Los marinos le habían hecho un documento falso a nombre de una persona fallecida. Del otro lado de la puerta, estaba el prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas y por lo tanto también parte de la estructura para la apropiación de bebés, quien murió envenenado con cianuro en la cárcel, cuando concluía el primer juicio a la ESMA, en el que el único imputado era él. “Febres entró y se adueñó de la casa, de la misma manera que se adueñaba de uno. Caminaba, abría la heladera. Además una de las cosas que nos contó, no delante de los chicos, era que venía por una operación que habían decidido realizar en el exterior: habían conseguido la dirección para matar a Jaime Dri, que se había escapado de la ESMA.” Lo que Febres decía, “todas las cosas que nos contaba ya desde antes en la ESMA, era la manera de ensuciarnos, no sólo de ensuciarnos, sino de comprometernos”. Al día siguiente, con los chicos muy alborotados porque sabían que ese hombre era parte de los que habían secuestrado a su madre, Sara le dijo que se fuera.

–Bueno –respondió él–, pero te vas conmigo y vamos a Roma.

La obligó a viajar a Roma, por tierra, a bordo del auto que era de ellas. Ana María quedaba de alguna forma de rehén. “Habíamos quedado que yo hablaba por teléfono a Valencia y avisaba que había llegado bien. Y entonces cuando pasamos por una telefónica, estoy queriendo hablar y le digo a Febres ‘hay alguien que conozco’, para irme. Y entonces él, por supuesto, también quiere irse. Febres era cagón, no sé si estaba sólo, ni si iba a querer quedarse solo. Nos fuimos. Empezamos a caminar y bastante lejos en una calle oscura se aparece la persona que vi en la telefónica.” Esa persona era Armando Croatto, un militante perseguido por la dictadura, la Marina había intentado secuestrarlo en Madrid a mediados de 1978. Finalmente lo mataron en septiembre de 1979. Cuando los vio en esa calle oscura, le dijo a Febres: “Largala, dejála libre, largala”. Febres le preguntó quién era, intentó matonearlo y Croatto insistió: “Tenés que largarla, dejarla en libertad. ¿Que es lo que querés?” Volvieron al hotel. Y una vez que levantó la operación, Febres llevó a Sara de nuevo a Valencia.

Poco después, ella volvió a Madrid, también obligada por la Armada. Y al intentar regresar a Valencia, le robaron todo lo que tenía en el aeropuerto. Entre todo, su pasaporte. Y ahí comenzó una odisea para conseguir sus papeles. Además del pasaporte falso, ella tenía uno argentino con otro nombre pero sin sellos de entrada al país. Necesitaba sellarlo. Así que le hicieron tomar contacto con un agente de la ESMA en el Museo del Prado para ponerle los sellos. Viajó a Buenos Aires. La llevaron a la Policía Federal para hacerle un pasaporte nuevo en el día y cuando volvió al avión para irse, la nave volvió a aterrizar en Ezeiza por un problema en las turbinas. “En Ezeiza, realmente no salía de nuevo el avión ya ese día. Salió al día siguiente. Pero yo no tenía posibilidad de quedarme en Ezeiza, me iba a secuestrar cualquier otra fuerza. Estaba en manos de ellos. Seguía en manos de ellos. Fue algo terrible. Tuve que hablar a la ESMA para decir lo que me había pasado. Y no sé si fue un guardia o un suboficial, alguien, me viene a buscar y me lleva a la ESMA. Y me llevan delante de Acosta, y me hacen esperar. No vi. Creo que me llevan al sector del Dorado. Me hacen esperar un rato y luego Febres me lleva nuevamente a un hotel y al otro día puedo salir a la mañana y vuelvo a Valencia. Esta es una de las partes que, bueno, no puedo decir que le sentí confianza, no puedo decir que sentí desconfianza. Creo que, no sé qué es lo que sentí. Sí puedo decir que fue algo muy terrible”.

Marzo de 1979. Las chicas ya habían decidido organizar una conferencia de prensa con un grupo de compañeros para cuando estuviesen en libertad. Febres todavía las controlaba. Sara debía escribir cartas pero en abril no escribió más. “Por eso, recibo una carta de Febres llena de palabras obscenas, como gritando, como si lo sintiera gritar. ¿Qué se piensan? ¿Qué creen? Estoy preocupado. Quería saber qué estaba pasando.” Sara contestó. Le dijo que trataba de rehacer su vida. “Que por favor no me molesten más, que tengo necesidad de eso, que habían pasado bastantes cosas y necesitaba paz.” En junio, entonces, comenzó a reunirse con un grupo de compañeros. Entre ellos, Ana María Martí y Alicia Milia de Pirles.

Alicia Milia de Pirles

Alicia dejó la ESMA el 19 de enero de 1979 con otro pasaje que pagó la Armada. “No recibo ningún tipo de dinero –dijo en el juicio–, la Armada solo me paga el billete. Escribo una tarjeta postal y nunca tengo contacto con ningún marino, nunca vi a nadie, nunca me contacté con nadie, sé que llamaban a la casa de mis padres, pero yo nunca volví a ver a ninguno hasta el día que los vi acá en la lectura de los cargos.”

Hacia el final del invierno europeo de 1979, los que habían salido de la ESMA con destino a Europa desde fines de 1978 se fueron encontrando en Madrid o en alguna ciudad de España, contó en unas notas preparadas en ocasión del juicio ESMA III. “Necesitábamos vernos, hablar, tratar de completar, confirmar los datos que cada uno había sacado, guardarlos en la memoria. Necesitábamos buscar explicaciones. Repensar lo vivido. Hallar la forma de transmitirlo, hacer conocer la experiencia. Hacer aparecer los nombres de los compañeros con los que habíamos compartido el cautiverio para orientar la búsqueda. Que se supiese dónde habían estado.” Hubo intercambios que iban y venían por correo con quienes habían salido a Venezuela. “Una voluntad compartida –explicó–: cómo comunicar no lo que sabía cada uno en forma aislada sino tramar los primeros nudos de una recopilación colectiva de los datos de lo atravesado en la ESMA.”

Luego de discutir si viajar a declarar a Estados Unidos surgió la alternativa de hacerlo ante la Asamblea Nacional francesa. En ese contexto, maduró la idea de organizar una conferencia de prensa en París.

Los vuelos de la muerte

Las tres mujeres y otros compañeros se reunieron en un apart de Madrid con máquinas de escribir alquiladas. Escribieron y tacharon un documento “discutiendo como posesos”, contó Alicia, pero con el deseo de que el testimonio recogiera todas las memorias acumuladas. “Cada uno fue evaluando en qué condiciones estaba para afrontar el momento y si bien por distintas cuestiones personales varios fueron desistiendo, todos contribuyeron con sus experiencias, sus datos, sus sugerencias.”

En la mesa estuvieron muchos otros. Nilda Orazi, sobreviviente de la ESMA que había pasado por el campo clandestino del Atlético y había hecho su primera denuncia pública poco antes en Ginebra. Estuvieron Lila Pastoriza, Pilar Calveiro, Alberto Girondo, Andrés Castillo, Norma Burgos, Martín Gras y Graciela Daleo. Los sobrevivientes escribieron el documento, durante un período en el que fueron hablando con la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu), es decir con Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca, entre otros. Con ellos se organizó la presentación en París.

“Había tantas cosas por decir –continuó Alicia–: individualizar a los compañeros y compañeras: sus nombres legales, sus apodos cuando no conocíamos otro, la fecha de caída, hasta cuándo los vimos o supimos de ellos. Y si no teníamos ni nombre ni apodo poníamos datos significativos que aparecían en el recuerdo de alguien: ‘tenía trillizos’; ‘era colectivero’; ‘ella nació en Jujuy’. Denunciar lo que sucedía con las compañeras embarazadas y con las criaturas que daban a luz en la ESMA, las sospechas y las certezas que fuimos teniendo de que esos niños nunca eran entregados a sus familiares. Testimoniar sobre Norma Arrostito, la fuga de Horacio Maggio, el Nariz; el secuestro de Oscar Degregorio, el Sordo Sergio, en Uruguay y su asesinato en la ESMA; el operativo que logró la caza de Rodolfo Walsh; los secuestros de madres, familiares y las monjas francesas. Y uno de los puntos más discutidos y difíciles: hablar del destino final de los compañeros con casi una total certeza: la muerte, que los represores llamaban traslados”.

Ese es uno de los puntos que, a 38 años de aquel documento, cobró mayor relevancia en el juicio. Bajo el título de “Traslados”, escribieron:

“Los días miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los traslados. En un principio se nos decía que a los secuestrados se los llevaban a otras dependencias o campos de trabajo que decían estar cerca del penal de Rawson. Nos costó convencernos de que, en realidad, el traslado conducía a la muerte. El día del traslado reinaba un clima muy tenso. Los secuestrados no sabíamos si ese día nos iba a tocar o no. Los guardias tomaban medidas mucho más severas que de costumbre. No podíamos ir al baño. Cada uno de nosotros debía permanecer rigurosamente en su sitio, encapuchado y con los grilletes puestos, sin hacer ningún gesto para poder mirar lo que pasaba. Tampoco podíamos hablar ni llamar a los guardias. Todo eso ocurría en Capucha o Capuchita. El sótano era desalojado rigurosamente a las 15.30. Si algún secuestrado estaba siendo torturado, se lo subía al tercer piso. Aproximadamente a las 17 horas, en Capucha se comenzaba a llamar a los detenidos por un número de caso. Se los formaba en fila india tomados uno del otro por los hombros, ya que iban encapuchados y con grilletes. Los bajaban de a uno. Sentíamos el ruido que hacían los grilletes al caminar acercándose a la puerta, que se abría inmediatamente y se volvía a cerrar. Cada uno llevaba consigo solo la ropa que tenía puesta (...) Eran llevados a la enfermería del sótano donde los esperaba un enfermero, que les aplicaba una inyección para adormecerlos, pero que no los mataba. Así vivos eran sacados por la puerta lateral del sótano e introducidos en un camión. Bastante adormecidos eran llevados a aeroparque, introducidos en un avión que volaba hacia el sur mar adentro, donde eran tirados vivos (...) De los miles de detenidos que se fueron en los traslados colectivos nunca supimos más. Muchas veces encontramos la vestimenta que tenían los compañeros el día del traslado en una piecita –pañol–, donde se ponían la ropa que usaban los secuestrados.”

En las notas, Alicia explica que se dividieron los temas por grupos y después volvían a leerlos. Que, con “especial empeño”, decidieron “exponer los nombres y apellidos de los (marinos) que llegamos a conocer, a veces exactos, otros por fonética. Y si no, sus apodos, alguna señal que los individualizara: la voz, la tonada, un rasgo físico, gustos, formas de caminar. Su ubicación en la estructura del grupo de tareas, el grado, las acciones en las que participaron (...) Un documento colectivo que se había comenzado, tal vez sin expresarlo, a pensar y murmurar dentro de la ESMA”, explicó. Y que el 12 de octubre de 1979, en París, salió a la luz.

A Suiza

Luego de la conferencia de prensa salieron en tren a Suiza con todo lo que significaba el miedo a lo que podía pasar. “En esa conferencia nos hacían preguntas gente de revistas como Somos y otras de Argentina, preguntas comprometedoras –explicó Sara en la declaración–. Unos hombres inmensos que eran de la custodia de Mitterrand nos sacaron en autos y motos y nos llevaron hasta un lugar donde nos dejaron. Ahí firmamos cada hoja de las declaraciones de las tres”.

Y entonces Ana María y Sara llegaron a Suiza.

En la ESMA, los marinos se pusieron como locos. Carlos Muñoz, uno de los testigos de esa furia, contó que discutieron la posibilidad de matarlos a todos. 

*La primera versión de esta nota, realizada por Alejandra Dandán. se publicó en Página/12 del 20 de noviembre de 2017.

Fuente: Página 12

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